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El Fundador Giuseppe Lazzati

Giuseppe Lazzati Giuseppe Lazzati Giuseppe Lazzati

Giuseppe Lazzati nació en Milán en 1909. Se licenció en letras en 1931 en la Universidad Católica de Milán. Por muchos años (de 1934 a 1945) fue el Presidente de la Juventud Italiana de Acción Católica de la Diócesis de Milán. En 1939, después de madurar la decisión de “consagración seglar”, gracias a la ayuda del Arzobispo Cardenal Schuster, dió vida a la sociedad de laicos llamada “Milites Christi” con algunos amigos. En 1969 este grupo tomó el nombre, todavía actual, de Instituto Secular Cristo Rey.
De 1943 a 1945 Lazzati fué internado en los campos de concentración en Polonia y Alemania, viviendo la experiencia de evangelizador en situaciones difíciles y ofrenciendo a los otros hombres que compartian con el esta situación de padecimiento un ejemplo de solidaridad, fraternidad y sosten.
En 1946 fué eligido concejal a Milán y diputado a la Asamblea Constitutiva y después en el Parlamento de la República hasta a 1953.
Al volverse a Milán, vivió un período de afinidad teológica y espiritual con el Cardenal Montini, futuro Papa Pablo VI, y alcanzó asumir la Presidencia del Movimiento Licenciadios y la Presidencia Diócesana de Acción Católica.
De 1961 a 1964 recibió de Montini el cargo de director del diario de Milán “L’Italia”.
Al volverse como docente a la Universidad Católica de Milán, fué elijido decano de la facultad de Letras y Filosofía y en fin, a partir de 1968 hasta 1983, fué Rector de aquella misma Universidad, en uno de los períodos más difíciles de la escuela italiana.
De 1976 a 1986, a pesar del avanzar de una grave enfermedad, perseveró con tenacidad en un continuo y apasionado servicio de apostolado y acompañamiento espiritual de muchos jovenes, iniciativas que se realizaban esencialmente al Eremitorio San Salvatore de Erba.
Giuseppe Lazzati murió al amanecer del 18/5/1986, día de Pentacostés. Del septiembre de 1988 sus restos mortales son enterrados al Eremitorio San Salvatore.

Un hombre puede ciertamente afirmar: “Pues qué, de todas formas la perfección no existe”. Con esta idea desearía librarse de un compromiso demasiado pesado en su crecimiento personal y en sus responsabilidades como adulto. Pero un cristiano, no.
Un cristiano sabe que la Perfección existe, que es su modelo de vida, de pensar y de elecciones prácticas en su vida cotidiana. Se ha encarnado en nuestra historia humana precisamente para demostrarnos que la Verdad absoluta existe y que la tarea del cristiano consiste precisamente en revelar, en el tiempo, esta perfección en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por esta tarea Lazzati quiso consumir su vida.
El Decreto promulgado por el Santo Padre Francisco (1), pretende recordarnos precisamente esto. Estos hombres y mujeres que la Iglesia indica como modelos son aquellos que no se han resignado a afirmar: “No hay nada perfecto”, sino que han creído en una gran revelación, en una perfección más grande que su misma vida. No se trata de que ellos son perfectos, sino de que han intuido mejor que otros que la Perfección es un Absoluto inalcanzable, por el que merece la pena luchar, consumir la vida y testimoniarla a otros. Los estudios, la profesión, la carrera, la enfermedad, el papel que se les ha confiado en la Iglesia y en el mundo, son ámbitos en los que el cristiano, imperfecto, busca, con humildad e incansable entrega, la perfección.
Que Lazzati nos sirva de ejemplo en la busca de la perfección de vida humana y cristiana, no lo decimos sólo nosotros por la afectuosa simpatía que tenemos al profesor, sino que ahora lo dice la Iglesia.

“Con la promulgación del Decreto, sin embargo, es la Iglesia la que nos habla de la santidad de Lazzati. Es diverso. Es algo nuevo”.
“Si es la Iglesia quien nos lo dice, ya no es, en realidad, una simple noticia: es un llamamiento.
Un llamamiento a nuestra vida, a una mayor y renovada conciencia del puesto que debemos ocupar”. (Giorgio M.)

(1) El Santo Padre Francisco aprobó el 5 de julio 2013 el Decreto sobre la heroicidad de las virtudes de nuestro Profesor, con el que ahora Giuseppe Lazzati es reconocido oficialmente por la Iglesia como “Venerable”.

(Fabio Domenico V.)