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Formacion

Te conviertes en un miembro de la pronunciación Instituto votos anual de pobreza , la castidad en el celibato y obediencia de acuerdo con las normas del Instituto.

Este acto está precedido de cuatro años de formación llamados "aspirantes". Tenemos una regla de la vida consiste en las Constituciones y Reglas por su aplicación. Esta norma es aprobada por la Santa Sede, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

De las Constituciones:

ART. 45 - El crecimiento en la vocación requiere un proceso de formación permanente de los miembros promovidos y apoyados por el Instituto. Esta formación debe acompañar toda su vida, abrazando visión unificada todas las dimensiones - espiritual, cultural, emocional, social - de la persona. La formación se mide por las cualidades y necesidades personales, así como las características de entornos de vida. La formación debe ayudar a los miembros del Instituto a que llevan en sí mismos una síntesis de los valores humanos y cristianos, una condición para el diálogo y la cooperación con todos los pueblos para construir un mundo más humano.

ART. 46 - El momento particular de este proceso de capacitación es el período inicial, que precede el compromiso anual de los votos, llamados "aspirantes" y que tiene una duración de cuatro años. En este período el candidato es ayudado a crecer en armonía en la profundización de los valores requeridos por vocación y para darse cuenta de ellos en la vida cotidiana en una convergencia de la experiencia personal y comunitaria. El aspirante permanece en su medio ambiente y sus condiciones de vida, a fin de recibir el entrenamiento realista y eficaz.

ART. 47 - Para garantizar que se propone la orden, los aspirantes deben ser:
• Escuela de oración, en la que cada aspirante se acciona para adquirir el espíritu y la práctica de la oración, que constituyen el fundamento de la fidelidad y la fecundidad de su vocación;
• Escuela de la virtud, que se preparan para vivir con generosidad los votos sin reservas, y con la libertad de espíritu que se deriva de las Constituciones hechas con equilibrio maduro;
• Escuela de la laicidad, que le permite buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y para comprar un estilo de vida que, como Cristo, aceptar todo lo que es verdadero, justo, puro, amable (cfr. Fil 4,8 );
• Escuela de evangelización, que lo llevó a ser testigo de Cristo en todo lugar, dedicada a la construcción y ampliación de su reino.